Participación ciudadana: decisiones técnicas o la reflexión común

Participación ciudadana: decisiones técnicas o la reflexión común

02 Julio 2020

Si revisamos la historia, o al menos en nuestro caso desde la colonización en América, han sido los conflictos, las emergencias, los “estallidos” sociales, las causas que han motivado los cabildos abiertos, la verdadera y masiva participación ciudadana. 

Juan Fernando Yañez >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Podemos escribir - y leer - tanto como queramos sobre la situación actual, sobre las problemáticas detectadas en nuestra sociedad (local, nacional, mundial), emitir nuestros propios diagnósticos, pontificar al respecto e incluso muchos podemos hasta atrevernos a proponer soluciones más o menos técnicas, más o menos expertas. Nada de ello es fútil o innecesario; es momento de tanto interés y discusión como sea posible. Pero… ¿no es acaso lo que ocurre de absoluto interés de la ciudadanía toda? Y ¿le hemos preguntado? O actuamos desde nuestros espacios de conocimiento privilegiado sin, cómo le dicen los políticos, ¿sin calle?

Y no, no se trata de activar las Participaciones Ciudadanas (PAC) como las conocemos. Los que nos hemos visto involucrados en dichos procesos definidos por ley, sea organizando o participando, conocemos que se han convertido en simple cumplimiento de requisitos, algunos mejores, otros simplemente vergonzosos, pero todos tan puntuales y específicos que no constituyen el espacio para pensarnos como sociedad: como individuos que la conforman y desde la diversidad resultante. 

Y entonces, para participar activamente, ¿Son necesarios los conflictos para que al fin acudamos en volumen a expresarnos? Lo vivimos en mayo de 2016 en Chiloé, el “mayo chilote” que nos mantuvo cerca de un mes movilizados, reunidos, conversando, discutiendo, incluso soñando. No propongo aquí analizar dicho proceso, que terminó en un rotundo fracaso y disolución del movimiento ciudadano, pero la historia nos vuelve a mostrar, esta vez a nivel nacional e incluso mundial que como sociedad, como “masa”, reaccionamos únicamente ante el conflicto asfixiante y urgente. Si revisamos la historia, o al menos en nuestro caso desde la colonización en América, han sido los conflictos, las emergencias, los “estallidos” sociales, las causas que han motivado los cabildos abiertos, la verdadera y masiva participación ciudadana. 

Lo vivimos y hasta de cierto modo lo celebramos en los meses pre pandemia, en que nos juntamos y nos miramos a la cara, exponiendo nuestras rabias, frustraciones, nuestros anhelos y aspiraciones, conversamos y nos conocimos – o reconocimos - y por un breve lapso de tiempo gozamos de algo que debiese ser permanente: sentirse parte fundamental. ¿Parte de qué? De esa aparentemente etérea idea llamada Sociedad, que incluso va más allá del sentido de Comunidad pues así somos parte de algo más grande, complejo, y hasta lejano y desconocido que indudablemente nos une. 

Y no es difícil de expresar, si desde un sencillo análisis comprendemos cómo se compone y cómo debiésemos comunicarnos y formar parte fundamental de tan elaborado engranaje: Por una parte nos formamos – e informamos - y cultivamos nuestro ser como individuos, que nos desenvolvemos en pequeños núcleos íntimos que denominamos familia, y desde nuestros entornos más inmediatos - la casa – interactuamos con otros, con nuestros vecinos, y nos hacemos cargo del lugar, de la calle y el espacio público que es de todos, y a partir de allí somos parte activa del barrio, del sector, que no es una isla sino parte integral de un sistema más complejo y como tal nos corresponde preocuparnos de la ciudad que también es nuestra, y lo es también el territorio y la naturaleza que nos rodea, y otras ciudades y otros territorios, y así en el creciente intercambio desde nuestras propias particularidades comprendemos que somos parte de una misma sociedad, y que todas las conversaciones son necesarias.

Si queremos construir desde bases ciudadanas y comunitarias, partamos por dibujar un sueño común a materializar y cada uno por preguntarnos ¿cómo queremos vivir? O incluso, con ánimo de avanzar en una sociedad solidaria, justa y respetuosa, podríamos hacer un esfuerzo grande y lúdico y preguntarnos ¿cómo queremos que vivan nuestros vecinos? Será que tenemos esa capacidad de pensar primero en el bienestar del otro, por consiguiente en el bienestar común y como resultado final más que como intención, conseguir el bienestar propio? Sólo espero no ocurra lo del mal chiste: “un hombre encuentra una botella, la frota, aparece un genio y le ofrece un único deseo pero con una advertencia: cualquier cosa que pidas se le concederá el doble a tu vecino. El deseo: Déjame tuerto”. 

En realidad no sólo nos preciamos sino que damos muestras permanentes de ser un país solidario. Ahora nos corresponde actuar, no sólo por emergencia, sino por la iniciativa constante de avanzar hacia una mejor sociedad. Recuerden el lema del Repuertero: “buenas conversaciones, buenos futuros”, ¿Nos juntamos?

Imagen: Flickr/Fotografía Transición