Descentralización es la única manera de lograr desarrollo

Descentralización es la única manera de lograr desarrollo

20 Marzo 2013

El debate de estas presidenciales debería ser el comienzo de una nueva era hacia un verdadero plan estratégico de desarrollo, que permita la descentralización. 

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Por Andrés Gillmore, secretario de Corporación Costa Carrera- Cuenca del Baker-Aysén

Desde siempre en regiones hemos escuchado a todos los candidatos en campaña sobre todo en las presidenciales, discursar sobre la importancia de las regiones y que ha llegado la hora y el momento de poner en práctica la descentralización en la toma de decisiones. Pero al parecer una cosa es decirlo y otra muy diferente concretarlo. En todos estos años de la nueva democracia chilena, en regiones hemos sufrido el duro embate de tener que aceptar esa realidad. Eso sí, con la esperanza cierta de que algún día tendrá que cambiar esa realidad, no sólo por el bien de las regiones si no por el Chile como un todo. Permitir un regionalismo verdadero es la única manera de lograr una proyección adecuada y realista, que permita un Chile para todos y no solo para algunos como ha venido ocurriendo en los últimos 20 años.

La llegada del gobierno de Sebastián Piñera trajo nuevamente la ilusión de que por fin cambiaria la visión del hacer hacia las regiones. Que la descentralización seria la base y el sustento del nuevo formato de desarrollo, entendiéndose la importancia de las regiones para fundamentar el Chile del futuro, pero una vez más el discurso de campaña sólo fue eso, un discurso y nada más. Durante el gobierno de la ex Pdta Michelle Bachelet, la promesa luego del autoritarismo y de la inconexión del gobierno de Ricardo Lagos con la ciudadanía, hizo posible la llegada de un mandato más de la concertación a la Moneda, sustentados en la promesa de un gobierno participativo y ciudadano, que al poco andar se diluyó y nunca más se supo.

En los temas energéticos que les corresponde netamente a las regiones por la intervención a la que se ven sometidas, se le dio cabida a una política inmediatista, guiada por las propias transnacionales y por la falta de sustancia de los gobiernos de turno, que no tuvieron una visión de futuro, permitiendo proyectos como HidroAysén, Isla Riesco y que las termoeléctricas del norte del país tuvieran sustento y se afincaran como un cáncer en las entrañas de Chile, sin intentar entender lo que significaban y lo que proyectan las Energias Renovables no Convencionales (ERNC) ya en esos años. Se prefirió energias convencionales, por lo fáciles de obtener y porque las tres grandes productoras de energía son empresas controladoras y manejadas por las transnacionales que no deseaban competencia. No se tuvo empacho en destruir las regiones con malos proyectos y sufrimos el desparpajo de ser considerados regiones sacrificables.

Los índices del actual modelo de desarrollo dicen que estamos bien, porque el consumo es alto y erróneamente se informa ideológicamente que el consumo refleja que nos estamos desarrollando, cuando en verdad solo refleja el alto endeudamiento de la población, que no significa desarrollo bajo ningún aspecto. Crecer es el aumento gradual de las propiedades cuantitativas, medibles y cifrables en el volumen de las actividades y en las estructuras económicas, nada más. El desarrollo para ser considerado como tal, debe ser cualitativo y no cuantitativo, creando nuevas formas y modalidades de vida económica, social, con una política de valores e ideas con estilos propios, que hoy no es precisamente lo que esta ocurriendo en Chile.

Miremos lo que pasa con el Banco Estado, orientado a la clase media trabajadora del mundo obrero y de las Pymes. Por fundación este banco no debería generar las ganancias de un banco privado bajo ningún concepto. Pero es en la actualidad el más caro de la banca privada y considera que sus intereses son adecuados porque sus clientes son de alto riesgo. Abusando sin pudor de gente honesta y trabajadora, con intereses aberrantes para un banco que se creo para fomentar desarrollo y no para crear ganancias abusando de sus clientes, que no son aceptados en los bancos privados de la plaza.

Desarrollarse tiene una definición muy clara, es la capacidad económica para crear riqueza a fin de promover prosperidad y bienestar económico y social en sus habitantes y no solo de las empresas de capital extranjero que llegan a Chile. Crecer es el otro lado de la moneda y solo representa el aumento de la renta de los bienes y servicios finales producidos en un determinado periodo de tiempo por las empresas. Crecer y desarrollo no son bajo ningún aspecto sinónimos, son realidades distintas y en esto el gobierno abusa de la ignorancia del medio y de un modelo que para cambiarlo se necesitan grandes reformas constitucionales para lograrlo.

El Gobierno se siente incomprendido, no entiende porque la ciudadanía no confía en ellos, porque la aprobación es tan baja y no refleja las “buenas noticias del crecimiento”. Esto no es un tema ideológico y tampoco es político. Tiene que ver con el sentido común y con la imagen que se proyecta. La sensación que queda en la ciudadanía, es que el bonito discurso no refleja la práctica en realidad y que la trama no se cuenta con todos sus detalles.

Los ejemplos que han demostrado que algo no anda bien y que al parecer el Gobierno y los grandes empresarios son todos grandes amigos, es lo que sucedió en el caso del Servicio de Impuestos Internos. Es inentendiblemente que el director Pereira no entendiese el daño que le estaba haciendo al gobierno con su actuar y con su permanencia en términos de imagen. No tuvo la capacidad de presentar la renuncia, demostrándole al mundo ciudadano la falta de decisión del Presidente, que en enero pasado debió haberlo despedido. El Ministro de Educación Harald Beyer, por alguna razón “inexplicable” olvidó en las respectivas querellas en contra de las universidades, demandar por lucro indebido. En el tema energético que es un tema que afecta la vida diaria de las regiones, ha sido más de lo mismo con protocolos de evaluación insensatos. La nueva ley de Pesca lo que hizo fue privatizar el mar, permitiendo entre otras cosas, que la flota española pueda pescar a voluntad en nuestras costas, por el TLC (tratado de libre comercio) con la comunidad europea y de paso destruyó la vida de cientos de pescadores artesanales y demostró que se favorece a los capitales extranjeros más que a los propios chilenos.

En el mundo ciudadano especialmente en el regional, existe un gran descontento y la decepción es grande, los gobiernos regionales no sintonizan con las verdaderas necesidades de los habitantes y Intendentes y Seremis son manipulados por los intereses de Santiago y del lobby de las transnacionales. Un ejemplo nuevo de esta dicotomía entre gobierno y ciudadanía, es lo que esta sucediendo con el diseño de la posible solución para unir Chiloe con Puerto Montt. El Ministerio de Obras Publicas le a cerrado la puerta a la propuesta de la fundación Aysén futuro, para que considere un túnel submarino en igualdad de condiciones con el puente sobre el canal del Chacao, proyecto que permitiría ahorrar unos cuantos millones al Estado y conseguir lo mismo con mayor seguridad y eficiencia. Con el saldo ahorrado, ya que la diferencia es importante en términos de inversión, permitiría terminar el tramo inconcluso de la Carretera Austral y unir por tierra a la región de Los Lagos con Aysén conectando a la provincia de Palena. Pero inexplicablemente la Ministra de Obras Públicas le cerró la puerta a la propuesta, sin considerar la opinión de las regiones implicadas y esto demuestra como siempre, que las decisiones se toman por intereses poco claros y hacen caso omiso de las regiones involucradas.

Este año es relevante en términos de decisiones y la elección presidencial marcara el debate de la regionalización. Desde regiones debemos exigir un cambio sustancial en el trato y la forma. Se podría decir que el gobierno de Sebastián Piñera fue la transición y tendría que ser bajo todos los aspectos el debate de estas presidenciales el comienzo de una nueva era en términos de planteamientos y de encauzarnos definitivamente hacia un verdadero plan estratégico de desarrollo, que permita una descentralización más adecuada. Para que esto suceda necesitamos candidatos que tengan capacidad de respetar sus promesas, planteamientos y acuerdos de campaña por el cual los votamos. Hasta ahora lamentablemente los candidatos han dicho una cosa y han practicado otra en el tema de lograr una regionalización efectiva y consecuente, eso debe cambiar. La única forma de conseguirlo, es exigiendo un programa de gobierno y que este se cumpla a cabalidad.