Emociones y naturaleza: La clave para mantener la salud mental de nuestros niños en época de pandemia

Emociones y naturaleza: La clave para mantener la salud mental de nuestros niños en época de pandemia

29 Octubre 2020

El aprendizaje socioemocional es un proceso continuo que nos permite reconocer nuestras emociones, empatizar con las de los demás y comunicarnos de manera constructiva.

Jason Angress >
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Siete meses después del inicio de la pandemia por COVID-19, las familias de Chile aún se están adaptando a cambios drásticos en la vida diaria. Padres, madres y otros cuidadores hoy deben ayudar a los niños en esta nueva normalidad, lo que incluye no sólo mantenerlos ocupados, si no, además, asistirlos en sus estudios y hacerlos sentir seguros. Nada de esto es fácil, pero enfocarse en metas alcanzables, considerando la particular situación que estamos viviendo, ayudará a reforzar la sensación de control en nuestros hijos y les permitirá creer que la situación mejorará.

Pero este tremendo desafío también puede ser una gran oportunidad para que los adultos aprendan de las competencias del desarrollo socioemocional. Según CASEL (Programa de colaboración para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional) la definición del aprendizaje socioemocional es: “El proceso a través del cual todos los jóvenes y adultos adquieren y aplican los conocimientos, habilidades y actitudes para desarrollar identidades saludables, manejar las emociones y lograr metas personales y colectivas. Además, permite sentir y mostrar empatía por los demás, establecer y mantener relaciones de apoyo y hacer decisiones responsables y afectuosas”.

El aprendizaje socioemocional es un proceso continuo que nos permite reconocer nuestras emociones, empatizar con las de los demás y comunicarnos de manera constructiva. Si bien muchos de nosotros nos consideramos bastante equilibrados en relación a nuestras emociones, en el contexto actual es importante revisar cómo esta situación nos está afectando y cómo podemos apoyar de mejor manera a nuestros niños mientras aprenden a manejar la ansiedad, la tristeza y la rabia, y otras sensaciones fuertes.

Desde mi rol como Encargado de Educación socio-ambiental para Fundación Legado Chile, durante los últimos meses he trabajado para apoyar a las comunidades educativas en este proceso de adaptación. Soy de la opinión que la conexión con la naturaleza es clave para ayudar a nuestros niños a regular sus emociones, y aunque lo sabemos por intuición, es clave también comprender que hay estudios que así lo demuestran. Del mismo modo estas investigaciones han permitido comprobar que las experiencias en la naturaleza aumentan las actitudes y conductas sociales positivas, así como también, la recuperación de los recursos cognitivos y la actividad física.

A pesar de estos efectos beneficiosos, existe evidencia anterior a la crisis actual, sobre la disminución del contacto que los niños de la actualidad están teniendo con la naturaleza. Las razones parecen estar ligadas, entre otras, al aumento de la urbanización, el uso cada vez más frecuente de nuevas tecnologías para el entretenimiento y la percepción de que los lugares naturales son inseguros.

Lamentablemente investigadores han advertido que esta falta de experiencias en la naturaleza puede tener graves consecuencias negativas para el desarrollo socioemocional. Como Fundación Legado Chile, estamos trabajado para que la relación entre los seres humanos con los ecosistemas naturales que los rodean no se quiebre, aunque creemos que hoy, más que nunca, y frente al gran desafío educacional que nos plantea la pandemia, debemos esforzarnos para acercar a los niños al entorno natural inmediato. Y maneras hay muchas. Por ejemplo, cuando conversamos de las emociones con nuestros hijos, podemos incorporar metáforas de la naturaleza. En el caso de los niños de Llanquihue podemos hablar que “la vida es como un viaje por el Río Maullín y donde las emociones a veces pueden ser tranquilas y otras turbulentas”. La idea es que los niños logren entender que no está mal sentir de diversas maneras porque es parte de la vida y siempre podrán contar con nuestro apoyo para navegar en esta “aventura río abajo”. Y si logran mantener su botecito a flote, se darán cuenta que, a pesar de las dificultades, estarán siempre rodeados por la belleza del entorno natural y por el amor de las personas que los cuidan.