Reactivación sostenible ¿de qué estamos hablando?

Reactivación sostenible ¿de qué estamos hablando?

10 Junio 2020

Este nuevo camino puede parecer claro, o a la mano, pero requiere un ejercicio previo de reconstrucción cultural, de redefiniciones valóricas sobre cómo entendemos la economía y el mercado.

Rocío Alvarado >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Estas últimas semanas y meses hemos escuchado a distintas voces proponer con ímpetu que la reactivación después de la emergencia sanitaria, deberá ser con un enfoque distinto. La crisis climática ya nos había puesto en esta encrucijada, pero al parecer esta necesidad de repensar el modelo económico no había penetrado de forma tan transversal o tan profunda como sí lo ha hecho la pandemia. Quizás esto se deba a que el virus ataca de una forma más evidente e inmediata, menos “abstracta” que una crisis climática que a nivel subjetivo cuesta dimensionar. El punto es que hoy, esas miradas que ponían el foco de esta transformación en la emergencia climática, convergen con aquellas que hoy se levantan a raíz de una crisis sanitaria, social, política y económica puesta en evidencia por la propagación de un virus.

Algunas voces han llamado a este nuevo escenario post pandemia “reactivación sostenible”. Pero ¿qué significa?

Desde hace unos días, circula una declaración levantada por distintas organizaciones como universidades, empresas, iniciativas colaborativas de la sociedad civil, miembros del tercer sector, etc, en la que propone  “un camino de triple ganancia impulsando, entre otros ámbitos, la eficiencia energética y las energías limpias, incluyendo el hidrógeno verde y el reemplazo del consumo de combustibles fósiles, el desarrollo de infraestructura más resiliente e inclusiva, la construcción y calefacción sostenibles y la agricultura resiliente”.

Este nuevo camino puede parecer claro, o a la mano, pero requiere un ejercicio previo de reconstrucción cultural, de redefiniciones valóricas sobre cómo entendemos la economía y el mercado. Hay numerosas teorías económicas que están apuntando justamente a eso: cuestionarnos lo que vemos como principios inamovibles.

Así por ejemplo, Kate Raworth, creadora de la teoría Doughnut Economics, propone 7 principios para delinear esta nueva forma de convivencia. Con ellos pone en entredicho algunos de los valores fundamentales de la economía neoliberal, como el crecimiento económico, el rol del estado y otros, y propone reconvertirnos en una economía regenerativa (en vez de degenerativa) y redistributiva, donde el objetivo principal es prosperar, y crecer infinitamente.

Otra de las tendencias que ha alcanzado visibilidad en los últimos 10 años (especialmente luego de la crisis subprime) es la que encabeza Mariana Mazzucato, que pone el acento en la necesidad de revivir el rol del estado emprendedor (el estado no sólo como un mero espectador del mercado) y regulador. Las fallas estructurales que se han producido, en parte, por la reducción de capacidad de los estados, como la inequidad, la desigualdad, la pobreza y el hambre, debieran ser abordadas desde la perspectiva de estados más sólidos, transparentes, confiables y responsables.

Todas estas nuevas teorías suenan muy bien (o muy mal, dependiendo de quién las lee). Lo cierto es que para que logremos una verdadera reactivación sostenible, lo primero que necesitamos es una disposición real al cambio, a cuestionar todos los paradigmas para construir uno nuevo, y que se materialice en acciones reales. El mercado no es un concepto unívoco, con leyes escritas en piedra. Es un espacio de encuentro, un constructo social que se adapta a las condiciones culturales y sociales que las mismas personas que lo conformamos, definimos. ¿Queremos seguir siendo un homo economicus que tiene necesidades infinitas? ¿Que sólo considera su propio interés y el deseo de obtener riqueza?

Quizás ya ha llegado el tiempo de una nueva especie.