Futuros de la educación escolar: ¿Cómo lo imaginaban en 1900?

Futuros de la educación escolar: ¿Cómo lo imaginaban en 1900?

19 Febrero 2021

Al escuchar estas “predicciones”, es importante no asumir irreflexivamente ciertas posturas que se van configurando como verdades establecidas.

Rolf Hitschfeld >
authenticated user Corresponsal Corresponsal Ciudadano

Cerca del año 1900 se pidió a algunos artistas franceses que dibujaran lo que ellos pensaban que representaría el mundo en el año 2000. Dentro de las láminas que dibujaron hay varios absurdos, como carreras submarinas de jinetes montados en peces gigantes. Sin embargo también hay otras muy interesantes, como la de las escuelas. En la imagen de Jean Marc Cote (en la galería) se muestra un grupo reducido de niños (parece no haber niñas) muy pasivos y concentrados con una especie de audífonos y casco conectados a una máquina donde el profesor va introduciendo varios libros que se van procesando gracias al giro de una manivela por parte de un asistente.

Luego, en 1969, la revista japonesa Shōnen Sunday publicó una serie de imágenes prediciendo el impacto que tendrían los computadores en la vida del futuro para el año 1989 en el hogar, en un pabellón de cirugía y en la escuela. En este caso la imagen del autor Shigeru Komatsuzaki la escuela se ve aún más interesante. En ella se ve a los niños sentados, cada uno frente a su computador personal con pantalla táctil resolviendo ejercicios de matemáticas. En este caso la profesora está en una pantalla, posiblemente en video o transmitiendo en línea desde algún lugar remoto, pero presencialmente en la sala se encuentran unas máquinas que parecen golpear a los estudiantes cuando tienen un comportamiento inadecuado o se equivocan. Al fondo hay más máquinas, parlantes y una especie de tablero que muestra la asistencia del día y posiblemente algún tipo de puntaje del trabajo indicado en blanco.

Es importante mirar estos ejemplos en este momento, ya que actualmente hay muchas personas e instituciones prediciendo el futuro en educación escolar (o intentando hacerlo). Sin embargo, la gran mayoría de predicciones dicen más de quien las emite que de la escuela propiamente tal. Es por eso que al escuchar estas “predicciones”, es importante no asumir irreflexivamente ciertas posturas que se van configurando como verdades establecidas, como por ejemplo que el único futuro posible y deseable de la escuela es con más dispositivos electrónicos mejor conectados a internet.

La verdad es que el futuro no es algo establecido que se viene acercando a nosotros, no es algo sentenciado por un oráculo de ocurrencia inevitable. El futuro se está configurando con las acciones de ahora. El futuro no llega, se construye. Es por esto que la concepción de persona, de escuela y de sociedad que tengamos ahora, afecta el futuro. Por esta misma razón, es que no hay un futuro, sino que múltiples futuros en desarrollo.

En los ejemplos mencionados, las predicciones se centran en sólo una de las dimensiones de la escuela, manifestando una visión muy pobre del ser humano y de la sociedad. Están centradas en la tecnología para hacer más eficiente el trasvasije de información. Sin embargo, no aparece el bienestar de los niños, no aparece verlos como personas y no como seres inacabados, no aparece la colaboración entre ellos, no aparece la diversidad, no aparece el trabajo con el entorno de la escuela, no aparece la creatividad y no aparece la convivencia democrática que comienza en la escuela. Es cierto que no puede estar todo en un dibujo, pero también es cierto que hay personas que hoy siguen soñando con una escuela como la propuesta en 1969. Probablemente sin las maquinitas que golpean (esperemos), pero con las sillas individuales, las pantallas táctiles y el énfasis desmedido en el traspaso de información que luego se demuestra en un test.

Es evidente que, en esta construcción de los futuros, no todos los actores tienen el mismo peso ni los mismos intereses. Cada uno trata de llevar agua a su molino, no estando necesariamente inspirados en alguna noción de bien común. Por eso que más que ver la última vanguardia tecnológica o educativa, hay que mirar más hondo en el ser humano y en la sociedad que queremos construir, es ahí donde están los problemas y no en los dispositivos que llevan décadas disponibles, ni en la última plataforma, ni tampoco en la técnica educativa de moda. Los futuros deben estar basados en principios que puedan resistir décadas de trabajo sistemático que traspase generaciones y por eso deben ser hondos. Cuando se trata del ser humano, lo que ha durado mil años tiene más probabilidades de seguir mil más que lo que lleva cinco de durar cinco años más.

Cerca del año 1900 se pidió a algunos artistas franceses que dibujaran lo que ellos pensaban que representaría el mundo en el año 2000. Dentro de las láminas que dibujaron hay varios absurdos, como carreras submarinas de jinetes montados en peces gigantes. Sin embargo también hay otras muy interesantes, la de las escuela es una de ellas. En esta imagen se muestra un grupo reducido de niños (parece no haber niñas) muy pasivos y concentrados con una especie de audífonos y casco conectados a una máquina donde el profesor va introduciendo varios libros que se van procesando gracias al giro de una manivela por parte de un asistente.

Cerca del año 1900 se pidió a algunos artistas franceses que dibujaran lo que ellos pensaban que representaría el mundo en el año 2000. Dentro de las láminas que dibujaron hay varios absurdos, como carreras submarinas de jinetes montados en peces gigantes. Sin embargo también hay otras muy interesantes, la de las escuela es una de ellas. En esta imagen se muestra un grupo reducido de niños (parece no haber niñas) muy pasivos y concentrados con una especie de audífonos y casco conectados a una máquina donde el profesor va introduciendo varios libros que se van procesando gracias al giro de una manivela por parte de un asistente.
Luego, en 1969, la revista japonesa Shōnen Sunday publicó una serie de imágenes prediciendo el impacto que tendrían los computadores en la vida del futuro para el año 1989 en el hogar, en un pabellón de cirugía y en la escuela. En este caso la imagen de la escuela es aún más interesante. En ella se ve a los niños sentados, cada uno frente a su computador personal con pantalla táctil resolviendo ejercicios de matemáticas. En este caso la profesora está en una pantalla, posiblemente en video o transmitiendo en línea desde algún lugar remoto, pero presencialmente en la sala se encuentran unas máquinas que parecen golpear a los estudiantes cuando tienen un comportamiento inadecuado o se equivocan. Al fondo hay más máquinas, parlantes y una especie de tablero que muestra la asistencia del día y posiblemente algún tipo de puntaje del trabajo indicado en blanco.
Es importante mirar estos ejemplos en este momento, ya que actualmente hay muchas personas e instituciones prediciendo el futuro en educación escolar (o intentando hacerlo). Sin embargo, la gran mayoría de predicciones dicen más de quien las emite que de la escuela propiamente tal. Es por eso que al escuchar estas “predicciones”, es importante no asumir irreflexivamente ciertas posturas que se van configurando como verdades establecidas, como por ejemplo que el único futuro posible y deseable de la escuela es con más dispositivos electrónicos mejor conectados a internet.
La verdad es que el futuro no es algo establecido que se viene acercando a nosotros, no es algo sentenciado por un oráculo de ocurrencia inevitable. El futuro se está configurando con las acciones de ahora. El futuro no llega, se construye. Es por esto que la concepción de persona, de escuela y de sociedad que tengamos ahora, afecta el futuro. Por esta misma razón, es que no hay un futuro, sino que múltiples futuros en desarrollo.
En los ejemplos mencionados, las predicciones se centran en sólo una de las dimensiones de la escuela, manifestando una visión muy pobre del ser humano y de la sociedad. Están centradas en la tecnología para hacer más eficiente el trasvasije de información. Sin embargo, no aparece el bienestar de los niños, no aparece verlos como personas y no como seres inacabados, no aparece la colaboración entre ellos, no aparece la diversidad, no aparece el trabajo con el entorno de la escuela, no aparece la creatividad y no aparece la convivencia democrática que comienza en la escuela. Es cierto que no puede estar todo en un dibujo, pero también es cierto que hay personas que hoy siguen soñando con una escuela como la propuesta en 1969. Probablemente sin las maquinitas que golpean (esperemos), pero con las sillas individuales, las pantallas táctiles y el énfasis desmedido en el traspaso de información que luego se demuestra en un test.
Es evidente que, en esta construcción de los futuros, no todos los actores tienen el mismo peso ni los mismos intereses. Cada uno trata de llevar agua a su molino, no estando necesariamente inspirados en alguna noción de bien común. Por eso que más que ver la última vanguardia tecnológica o educativa, hay que mirar más hondo en el ser humano y en la sociedad que queremos construir, es ahí donde están los problemas y no en los dispositivos que llevan décadas disponibles, ni en la última plataforma, ni tampoco en la técnica educativa de moda. Los futuros deben estar basados en principios que puedan resistir décadas de trabajo sistemático que traspase generaciones y por eso deben ser hondos. Cuando se trata del ser humano, lo que ha durado mil años tiene más probabilidades de seguir mil más que lo que lleva cinco de durar cinco años más

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