La urgencia de avanzar hacia territorios apropiados

La urgencia de avanzar hacia territorios apropiados

12 Enero 2021

Frente a la actual crisis civilizatoria que estamos viviendo tanto a nivel local como global se hace urgente “pensar fuera de la caja” sobre cómo volvemos al origen para buscar nuevas formas de habitar y mover la economía. 

Catalina Billeke >
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Hay una anécdota de Gastón Soublette -filósofo y esteta- que me encanta, porque creo que le hace justicia a nuestros paisajes y comunidades de pueblos originarios. Este gran rescatista de la cultura chilena siempre cuenta en sus entrevistas que paseando por el Parque Nacional Conguillío entendió aún más en qué radica la riqueza del pueblo Mapuche. Es así como Soublette comenta que después de caminar todo un día entre araucarias, montañas nevadas y lagunas anotó lo siguiente en el cuaderno de visitas de la recepción de la reserva natural: “¿Qué defendía el pueblo Mapuche con tanto ahínco? Ahora me di cuenta: defendían el paraíso”.

Ver también: El patrimonio como brújula para el desarrollo local [VIDEO ENTREVISTA]

Para las fiestas de fin de año pasé unos días con mi familia en mi región de origen: La Araucanía. Estando allá y viendo el volcán Llaima desde la cuenca del lago Villarrica decidí ir en búsqueda de ese paraíso. Es así que partí rumbo al Parque Nacional Conguillío por la entrada sur, Provincia de Cautín. Es importante decir que ya había visitado varias veces este lugar natural en distintas etapas de mi vida, pero esta vez vi algo diferente: para mi triste sorpresa pude presenciar en la ruta sobre cómo “el paraíso” se encontraba asfixiado y aislado por grandes predios de pinos y eucaliptus, a lo que habría que sumarle que el camino estaba lleno de hoyos, discos “pare” y cruces debido a los viajes y ritmos de los camiones forestales.  

Frente a esto es imposible no hacerse la pregunta: ¿Actualmente qué sería del sector del Parque Nacional Conguillío si no hubiera sido declarado y resguardado en su actual categoría? 

El territorio siempre ha sido un escenario de disputa respecto a sus usos y formas de habitar. Es desde ahí, que este sector de La Araucanía Andina gráfica claramente cuando se habla de las dos categorías: territorio dominado y apropiado. Según Henri Lefebvre, filosofo francés, habla de los espacios dominados como aquellos transformados y dominados que son habitualmente cerrados, utilitarios y funcionales: pensados para controlar procesos naturales y sociales para la producción -ejemplo: las forestales; en cambio, los espacios apropiados se refiere a los utilizados para servir las necesidades y posibilidades de una comunidad, lugares que posibilitarían una “apropiación” simbólica y de identidad además de funcional -ejemplo: los parques nacionales.  Es importante señalar que esta última categoría no excluye los beneficios económicos, por el contrario, son relevantes mientras sean coherentes con el respeto a la comunidad y el entorno.

Frente a la actual crisis civilizatoria -social, ambiental, económica, cultural y sanitaria- que estamos viviendo tanto a nivel local como global se hace urgente “pensar fuera de la caja” sobre cómo volvemos al origen para buscar nuevas formas de habitar y mover la economía. En esta línea por lo general lo primero que se nos podría venir a la mente es el concepto de “Buen Vivir” planteado por Sumak Kawsay como la necesidad de buscar un estilo comunitario y ancestral, pero hoy hasta la UNESCO plantea que para superar el aprieto global necesitamos volver a lo esencial: “El momento de la transformación es ahora. Las crisis también crean oportunidades: la oportunidad de cambiar la forma en que vemos nuestras relaciones con la naturaleza, con los demás y con la Tierra. Sabemos que no hay futuro si no actuamos: necesitamos una nueva normalidad para la biodiversidad”, señaló Audrey Azoulay, Directora General de la Organización, en la última Cumbre de las Naciones Unidas sobre la actual crisis de la biodiversidad en Nueva York.

Para lograr todo este desafío es necesario desetiquetar el patrimonio como “pasivo” y apreciarlo como “activo” no sólo en términos económicos, sino como un elemento presente en la memoria colectiva que permite revitalizar el hoy y construir a paso firme y sostenible el futuro de los territorios y de quienes la habitan.