Historia entre sábanas: Apuntes sobre el libro "Historia de las alcobas" de Michelle Perrot

La historiadora francesa Michelle Perrot se introduce en un espacio íntimo para desnudar a la sociedad. 

Imagen de D Carrillo
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26 de Diciembre, 2011 10:12
Las alcobas terminan por decir mucho más de lo que ocultan

A pesar de que casi la mitad de nuestra vida transcurre allí, es poco lo que se habla o escribe sobre ellas, principalmente porque pertenecen al vedado territorio de nuestras mayores intimidades.

Es en ese espacio donde se introduce la historiadora francesa Michelle Perrot en su “Historia de las alcobas” (FCE, 2011), un interesante ensayo que releva el rol social y cultural del dormitorio a través de los siglos, asociado a diversos usos, costumbres y normas.

“Desde el parto hasta la agonía, es el escenario de la existencia, o al menos de sus mecanismos, en el que los cuerpos, despojados de máscaras, se abandonan desnudos a las emociones, a la pena, a la voluptuosidad”, describe la autora, una connotada feminista y estudiosa contemporánea de la vida privada y cotidiana a través de la historia.

Perrot parte mostrándonos cómo era la cámara del rey en el Palacio de Versalles, la cual por ordenanza de Luis XIV se ubicaba justo en medio del patio de mármol, en una “centralidad majestuosa” en donde el rey terminaba por sustituir a Dios en el recinto cerrado de su alcoba.

En el otro extremo de la escala social, la estudiosa se pasea también por las habitaciones obreras, enfatizando que la primera necesidad de un joven que abandona su casa, ya sea del campo a la ciudad o desde el extranjero, es tener una cama donde reposar sus cansados miembros. De ahí el importante papel de los llamados dormitorios colectivos o barracones instalados en las ciudades fabriles, algunos de los cuales hospedaban en régimen de pensión. “Por 25 ó 30 francos al mes pueden acostarse dos en una cama, alimentarse, lavarse, disponer de luz y recibir una medida de cerveza en cada comida”.

Freud, Stendhal, Proust, Virginia Woolf, son algunos de los nombres que desfilan por las documentadas y sabrosas páginas de este libro, que abarca desde las habitaciones novelescas a las exclusivas para el sexo.

En su cierre, la obra enfatiza que aún persiste el hábitat precario en muchos sitios del mundo, citando la advertencia del sociólogo estadounidense Mike Davis, en cuanto a que “si no cambia nada, la humanidad futura vivirá bajo cartones”. Así queda claro que la habitación propia todavía tiene en muchos sitios los ribetes de sueño, “un sueño tan tenaz como frágil”. 

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