No olvidar la agricultura familiar campesina
"Para consolidar su aporte al progreso nacional, la agricultura campesina debe ser parte activa de las grandes apuestas sectoriales": columna or Denisse Endress, Encargada de Fomento Productivo de la Corporación El Canelo Sede Sur.
No cabe duda que los distintos segmentos y actores de nuestra agricultura no están en la misma situación y condiciones para aprovechar las oportunidades que presenta el sector silvoagropecuario. Es así como, mientras algunos actores, ya sea por su nivel de capitalización, desarrollo tecnológico y modernización de la gestión, están incrementando y consolidando su posicionamiento en los mercados. Otros, como la agricultura campesina presentan dificultades para aprovechar tales oportunidades.
Con lo anterior no estamos sosteniendo que la pequeña agricultura sea un sector perdedor o que no tenga espacios para ejercitar su potencial. Por el contrario, si bien debe enfrentar exigencias significativas, ella tiene recursos, capacidades y un conjunto valioso de experiencias que constituyen un inapreciable activo para que, con el apoyo del Estado, pueda mejorar su competitividad y desarrollo.
A partir del año 1990 se han implementado en Chile importantes iniciativas en orden a consolidar a la agricultura campesina como una realidad relevante del sector agrícola y rural de nuestro país. En este contexto, durante la década pasada se realizaron apuestas estratégicas fundamentales para su modernización. Entre éstas es importante destacar el fortalecimiento de la asociatividad; la modernización de la gestión y la apertura de los grandes subsidios para que ella pudiera también tener acceso a estos recursos. Complementariamente, desde el 2000 se ha puesto especial énfasis en la incorporación de la agricultura campesina a los nuevos instrumentos de política agrícola (como el seguro agrícola, la bolsa de productos agropecuarios y las buenas prácticas agrícolas); en los procesos de exportación y en su profesionalización y acceso digital.
En estos 20 años, la política agrícola ha establecido como uno de sus objetivos centrales el fortalecimiento de la agricultura campesina. En este contexto, es nuestra convicción que sus apuestas estratégicas en este ámbito han sido las correctas; aunque muy probablemente dada la mayor complejidad y costo del desarrollo de las pequeñas empresas agropecuarias, los recursos y la coherencia de la implementación de las políticas no hayan sido suficientemente efectivas. Además creemos, que en estos años la pequeña agricultura ha avanzado en su desarrollo productivo, empresarial y en su posicionamiento como sector frente al Estado, capaces de articular demanda y proyectos en pos de su desarrollo.
Para consolidar su aporte al progreso nacional, la agricultura campesina debe ser parte activa de las grandes apuestas sectoriales, entre las que se cuenta el ejercicio de un creciente liderazgo agroalimentario chileno a nivel mundial y la contribución a un crecimiento más equitativo, social y territorial del país. Para ello, se debe fortalecer decididamente su incorporación a la estrategia de vinculación con mercados, donde se ponga en valor la identidad campesina de sus productos. Además, debemos robustecer el fomento de su asociatividad, favorecer su acceso a las tecnologías más modernas y hacerle disponible más financiamiento para que pueda mejorar sus actuales rubros o implementar otros más rentables.
La agricultura campesina puede más en términos de su propio desarrollo, el que lo logre dependerá en parte muy sustantiva de sus capacidades de gestión y de comprensión de los nuevos escenarios en que le toca actuar, pero también de la profundización, mejoramiento y ampliación de los programas de fomento del Estado.
Con lo anterior no estamos sosteniendo que la pequeña agricultura sea un sector perdedor o que no tenga espacios para ejercitar su potencial. Por el contrario, si bien debe enfrentar exigencias significativas, ella tiene recursos, capacidades y un conjunto valioso de experiencias que constituyen un inapreciable activo para que, con el apoyo del Estado, pueda mejorar su competitividad y desarrollo.
A partir del año 1990 se han implementado en Chile importantes iniciativas en orden a consolidar a la agricultura campesina como una realidad relevante del sector agrícola y rural de nuestro país. En este contexto, durante la década pasada se realizaron apuestas estratégicas fundamentales para su modernización. Entre éstas es importante destacar el fortalecimiento de la asociatividad; la modernización de la gestión y la apertura de los grandes subsidios para que ella pudiera también tener acceso a estos recursos. Complementariamente, desde el 2000 se ha puesto especial énfasis en la incorporación de la agricultura campesina a los nuevos instrumentos de política agrícola (como el seguro agrícola, la bolsa de productos agropecuarios y las buenas prácticas agrícolas); en los procesos de exportación y en su profesionalización y acceso digital.
En estos 20 años, la política agrícola ha establecido como uno de sus objetivos centrales el fortalecimiento de la agricultura campesina. En este contexto, es nuestra convicción que sus apuestas estratégicas en este ámbito han sido las correctas; aunque muy probablemente dada la mayor complejidad y costo del desarrollo de las pequeñas empresas agropecuarias, los recursos y la coherencia de la implementación de las políticas no hayan sido suficientemente efectivas. Además creemos, que en estos años la pequeña agricultura ha avanzado en su desarrollo productivo, empresarial y en su posicionamiento como sector frente al Estado, capaces de articular demanda y proyectos en pos de su desarrollo.
Para consolidar su aporte al progreso nacional, la agricultura campesina debe ser parte activa de las grandes apuestas sectoriales, entre las que se cuenta el ejercicio de un creciente liderazgo agroalimentario chileno a nivel mundial y la contribución a un crecimiento más equitativo, social y territorial del país. Para ello, se debe fortalecer decididamente su incorporación a la estrategia de vinculación con mercados, donde se ponga en valor la identidad campesina de sus productos. Además, debemos robustecer el fomento de su asociatividad, favorecer su acceso a las tecnologías más modernas y hacerle disponible más financiamiento para que pueda mejorar sus actuales rubros o implementar otros más rentables.
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