Vivir dando
Siempre me ha llamado la atención la visión de los saltos del Petrohué. Su vitalidad sin mengua acompañada de la majestuosidad de sus volcanes constituye una postal que muestra una faceta distinta a la de la espectacularidad de las grandes cataratas como Iguazú.
A ello se suman la claridad trasparente de sus aguas y su vegetación. Esta última tiene algo de especial pues se hunde en tierra difícil repleta de piedras y restos volcánicos. Pero lo que más me llama la atención, al llegar a los saltos propiamente tales, es mirar los murallones de piedra frente a ellos y ver cómo, desde las rendijas de las rocas, surge la vegetación convertida en grandes árboles que se aferran a la vida, en medio de un paisaje que se podría supone totalmente imposible de albergarla.
Todo viviente es aferra a la vida y la ama y la desea. Ello es parte de su mismo ser como viviente Sin embargo sólo el hombre es capaz de ir más allá y arriesgarla por un desconocido. El reciente terremoto y la niña de 14 años, los dos pescadores, los bomberos, los carabineros y muchos otros son una muestra de ello Amaron su vida en la vida de otros y por ella la arriesgaron y en algunos casos la perdieron,
El primer anhelo del hombre, como el de todo ser viviente, es el de aferrarse a la vida, incluso cuando la calidad de esta es muy pobre e indigna. Una vez aferrado a la vida busca darle calidad por lo menos en una de sus vertientes que surge como la más inmediata, aunque no como la más trascendente. Se trata de tener los medios para subsistir y, más allá de ello, para vivir con la dignidad de una vivienda propia, de un trabajo digno, de la necesaria educación de los hijos.
Sin embargo queda todavía insatisfecho otro aspecto de esa calidad de vida que da sentido a todo lo demás ¿Para qué? ¿Cual es el sentido profundo de una vida con límites ciertos? Así surge y urge la pregunta última por ese sentido de la vida y en que se nos va ella. La respuesta a esta interrogante es personal y, a veces, implica una larga búsqueda, pero es esencial para dar verdadera calidad de vida a esa exigencia de vivir y de aferrarnos a la misma. Los valores que vivimos expresan de alguna forma un intento de respuesta a esta última necesidad y a este aferrarnos a la vida con todas sus consecuencias
Ella explica la capacidad de valorar la vida y aferrarse a ella como todo ser vivo, pero a mismo tiempo y aunque parezca contradictorio, superarla en un don por ayudar a vivir a otros. Celebrar la vida es levantarla, hacerla visible a los demás, afirmarla en su concreción real y dar gracias por ella (H . Nouwen)
"El que pierde la vida por sus amigos la gana”


