El cuerpo también tiene una historia que contar

Es en momentos de tragedia, como los que hoy vive el país, cuando queda más patente que nunca lo frágil de nuestra materialidad. Once artículos, reunidos en "Fragmentos para una historia del cuerpo en Chile"
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12 de Marzo, 2010 08:03

Nuestra historia, como cualquier otra, no ha sido protagonizada por espectros sino que por seres de carne y hueso, hombres y mujeres que de no ser por su corporalidad no habrían logrado escribir los capítulos de nuestro pasado.
Sin embargo, a pesar de que el cuerpo ocupa un lugar en el espacio y el tiempo, la historiografía nacional –y por qué no decirlo, latinoamericana en general- ha privilegiado los sucesos, las circunstancias, los hechos y sus efectos.
“De ahí que cuando se lee un relato histórico, no se busca conocer la realidad corporal de los protagonistas y menos sobre su estado emocional. Es decir, imaginamos las sociedades pasadas como si hubiesen estado integradas por sujetos incorpóreos, descarnados e insensibles”.
La cita corresponde a la presentación de “Fragmentos para una historia del cuerpo en Chile” (Taurus, 2010), un libro que compila once artículos de trece destacados estudiosos de la historia y la realidad nacional, con los historiadores Álvaro Góngora y Rafael Sagredo como directores de la investigación.
Siguiendo la tendencia europea de la antropología histórica o nueva historia, que se olvida de los grandes héroes y se centra en las “epopeyas” cotidianas de la gente común y corriente, esta obra da el puntapié inicial para comenzar a llenar el vacío que existe sobre el tópico del cuerpo a nivel nacional. Esto, abordándolo no como una mera realidad natural, sino que como algo cultural, “como parte del desenvolvimiento de lo histórico en nuestro país”.
Para ello, asumiendo una amplitud inédita, antropólogos, médicos, diseñadores y, obviamente, historiadores, abordan el tema desde sus respectivas áreas, entregando diversas miradas que abarcan también variadas épocas.
Así, por ejemplo, Carlos Valenzuela, médico cirujano y experto en genética, se cuestiona la existencia de la noción de un pueblo chileno como cuerpo social, cultural y físico homogéneo y plantea que en Chile los rasgos físicos inciden fuertemente en la condición y valoración social de los individuos. “El destino de un varón moreno, algo más bajo que el promedio de estatura, de pelo liso, ojos y tez oscuros es distinto, en sentido de ser más negativo, que el del varón más alto que el promedio, de pelo, ojos y tez claros”, escribe.
En cuanto a los genomas del pueblo chileno, Valenzuela indica que es erróneo creer que éstos provienen de los ancestros de los actuales mapuches, sino que tienen su origen en los indígenas del Norte Chico –diaguitas principalmente- y en los del centro, en especial los picunches.
Interesante también es el artículo del historiador Leonardo León, respecto al supuesto canibalismo de los mapuches. El autor concluye que la antropofagia fue una práctica atribuida por los conquistadores en el siglo XVI como mecanismo de diferenciación, contención social y exclusión política, la cual encubriría finalmente una justificación a la dominación y sus atroces excesos.
En “Fuera de sí: cuerpo, ebriedad y conciencia en Chile. 1870-1940”, de Marcos Fernández, no deja de llamar la atención la idea de que la tendencia a la embriaguez estaba instalada en la mayoría de los sectores populares, siendo aliciente para el desorden social, la ruina económica y el atraso moral. Incluso se observaban diferencias entre distintos grados y tipos de ebriedad. Así lo indica el boletín de la Sociedad Nacional de Agricultura de 1873, que coloquialmente distinguía entre una “…embriaguez del hombre que se mantiene con frutas u otros alimentos poco sustanciosos, violenta, malévola y a menudo mortífera; de la del hombre bien alimentado, más bien alegre, humorística y divertida”.
Completan el volumen “Los rasgos físicos de los chilenos”, de Jorge Rojas; “El cuerpo en la ciudad. Santiago, 1541-1850”, de Álvaro Góngora; “Cuerpo y erotismo en Chile”, de René Salinas; “Cuerpo y seducción en Chile colonial o la hospitalidad como compensación”, de Rafael Sagredo; “Cuerpos y gestos de los nómades del fin del mundo”, de Margarita Alvarado y Pedro Mege; “Embarazo y amamantamiento: cuerpo y reproducción en Chile”, de María Soledad Zárate; “El dolor de crear riqueza. Cuerpo y trabajo”, de Luis Ortega y Enzo Videla; y “Consumo y belleza. Los cuidados del cuerpo femenino, siglos XVIII-XX”, de Jacqueline Dussaillant.


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