Pisos de Conformismo

Vivir en nuestro Palacio de Cristal significa también asumir muchas actitudes y niveles de conformismo que retratan, en gran medida, nuestro vivir personal y social. Ciro E. Schmidt Andrade
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04 de Enero, 2010 08:01
1. Como ya señalé Sloterdijk llama a nuestro mundo interior, “palacio de cristal”. Vivimos en este palacio de consumismo y de virtualidad, que tiene sus propias características y pisos o niveles, que son nuestros ambientes vitales. El primero es el piso del dinero fácil, ganado inmerecidamente, sin conexión entre esfuerzo y riqueza. Es el piso de la magia del poder adquisitivo y de la propia experiencia de la compra. El del mito de la económica moderna: la creación en Bolsa o la espera del acontecimiento enriquecedor, que hasta parece un derecho formalmente reconocido (y si las cosas van mal, que eche una mano el erario público, una fortuna legal).
2. Al relajo que suponen esos ingresos sin contraprestación, sea por el pelotazo sea por el auxilio social, se añade la distensión del ciudadano que goza de seguridad sin disposición propia a la lucha. Ya no hay luchadores, el nuevo tipo de hombre es civilmente distendido, viril de diseño, metrosexual, palaciego, al que hay que advertir que la seguridad no siempre puede conseguirse sin más, y que es previsible que le domine la histeria si llega el caso (de inseguridad) y ha de arrimar el hombro o sufrir las consecuencias.
3. Encima del dinero sin esfuerzo y de la seguridad sin lucha, está el piso donde la seguridad se amplía a expectativas de seguridad privada con la "cobertura" de los seguros. Es el piso de la seguridad sin infortunio. En contingencias de la vida privada como accidentes, enfermedades, catástrofes, etc. Las pólizas de seguros son sistemas pragmáticos de inmunidad y descarga efectivas ("rezar es bueno, asegurarse es mejor”). Pero los seguros tienen su lado negativo, aunque los palaciegos no se enteren, debido a su inconsciencia de lo que puede haber más allá del cristal, fuera, o más acá, dentro, de su aburrido estresado consumismo: Renuncian cada vez más a tener un destino y no pueden entender esto pues su "sentido de ser se reduce al derecho de indemnización". Todo está previsto en el sistema. Para no aburrirse, pasan, incluso, del consumo de bienes al consumo de vivencias y de riesgo.
4. Si en el primero hay dinero sin trabajo, en el segundo seguridad política sin lucha propia, en el tercero seguridad privada sin infortunio (y con seguro), en el cuarto piso hay consumidores de un saber para cuya adquisición no se necesita experiencia alguna, es decir, saber sin experiencia, información sin formación. El saber que deparan los medios como sucede en la llamada sociedad del conocimiento, o de la información. En el palacio ya no hay exigencias de formación íntegra de la personalidad, de una historia de experiencias, no hace falta esfuerzo personal, literario, académico. La subjetividad del lector se transforma en la del usuario, que no necesita experiencias sino direcciones web. "El gesto actual que mejor expresa el tránsito a la era posterior a la experiencia es el downloading"
5. El último es el de la fama sin obra, la de famosos sin aportación personal alguna, artistas o escritores sin obra considerable, mimados por la opinión pública construida mediáticamente en la llamada cultura de masas. Una nueva categoría de prominentes que no se sabe bien por qué lo son, que son conocidos por ser conocidos. En consecuencia, la dedicación a la prominencia, al famoseo, puede cultivarse como valor propio evitando el rendimiento personal: el moderador que se hace prominente presentando prominentes, los presentadores que se presentan mutuamente ante el gran público: famosos de la noche a la mañana sin base alguna.

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