Palacio de Cristal - II Parte
Es rincón que es nuestro palacio interior, social o personal, tiene rasgos especiales que constituyen formas de escapismo de la realidad, para hacernos vivir lugares lejanos a ls vicisitudes y problemas de la vida. Ciro Schmidt Andrade
Señalé en otro momento que se vive, con frecuencia, especialmente en los países desarrollados y con mayor poder adquisitivo, pero también entre nosotros mismos en un “Palacio de cristal”. También indiqué, siguiendo a Sloterdijk, pensador contemporáneo, que rasgos característicos de este vivir palaciego eran el aburrimiento y el estrés. Otras características aparte de aburrimiento y estrés, que lo llenan y lo pueden todo, algunas ya aludidas, marcan la "existencia de invernadero"
1. Dentro del palacio el poder adquisitivo es la forma determinante de subjetividad y la condición de estancia en él. Ello proporciona al individuo la categoría de ciudadano (consumista) y sus ventajas (el cobijo del confort).
2. En palacio las libertades individuales, y su defensa, interesan en tanto en cuanto preparan la autorrealización de los individuos en la gran marcha hacia el confort (que se cree que no va a dejar de fluir y crecer nunca). Donde más se habla de de libertades y derechos es allí donde ha de construirse una infraestructura institucional consumista. El hombre no sería otra cosa que una anticipación del consumidor autorrealizado, que se aburre abismalmente a la vez que se divierte espléndidamente, del relajado aburrido que celebra como consumación el nivel conseguido en su provisión de bienes de confort.
3. En el palacio reina una especie de inmanencia mágica, transfigurada por el lujo y por el cosmopolitismo. Se trata de una absorción total del mundo externo en la inmanencia del poder adquisitivo integral, popular, popularizado, que se orienta a la vivencia, al hedonismo, queriendo trasladar la vida entera de trabajo, deseo y expresión de los seres humanos.
4. Ese encierro de palacio, va estabilizando el gran tráfago de acontecimientos, la suma de todas las empresas simultáneas, de iniciativas individuales, sujetas, en principio, a la ley del entorpecimiento recíproco creciente.
5. Esa inmanencia, gelatina, puede decirse también, desde otro aspecto atmosférico, que es una especie de "barullo hedonístico" general que reina en él: el culto festivo y enfebrecido al Baal del consumo, esnobismo estético, la maldad cool del puro antojo, lujo estabilizado, derroche crónico; el derroche es la primera obligación del palaciego, la banalidad y la libertad convergen, los fundamentos débiles, tales como el humor puro y el gusto personal, asumen el papel de los fundamentos fuertes, magníficos y necesarios de antes, la naturaleza y la cultura, juntas, se convierten en asuntos tutelados.
6 De modo que en el palacio, con las salvedades de antes, el reino de la necesidad deja paso al reino de la libertad, de un pensamiento en términos de opciones. Reina la subjetividad y desaparece lo universal como no siempre válido.
7.- Se actúa como si se hubiera desembocado en la paz eterna y toda la vida social se integrara en un receptáculo protector, en condiciones bajo las que ya no suceden acontecimientos históricos, sino, en todo caso, accidentes domésticos. Se generaliza normativamente el aburrimiento y su juego, en definitiva inofensivo.
1. Dentro del palacio el poder adquisitivo es la forma determinante de subjetividad y la condición de estancia en él. Ello proporciona al individuo la categoría de ciudadano (consumista) y sus ventajas (el cobijo del confort).
2. En palacio las libertades individuales, y su defensa, interesan en tanto en cuanto preparan la autorrealización de los individuos en la gran marcha hacia el confort (que se cree que no va a dejar de fluir y crecer nunca). Donde más se habla de de libertades y derechos es allí donde ha de construirse una infraestructura institucional consumista. El hombre no sería otra cosa que una anticipación del consumidor autorrealizado, que se aburre abismalmente a la vez que se divierte espléndidamente, del relajado aburrido que celebra como consumación el nivel conseguido en su provisión de bienes de confort.
3. En el palacio reina una especie de inmanencia mágica, transfigurada por el lujo y por el cosmopolitismo. Se trata de una absorción total del mundo externo en la inmanencia del poder adquisitivo integral, popular, popularizado, que se orienta a la vivencia, al hedonismo, queriendo trasladar la vida entera de trabajo, deseo y expresión de los seres humanos.
4. Ese encierro de palacio, va estabilizando el gran tráfago de acontecimientos, la suma de todas las empresas simultáneas, de iniciativas individuales, sujetas, en principio, a la ley del entorpecimiento recíproco creciente.
5. Esa inmanencia, gelatina, puede decirse también, desde otro aspecto atmosférico, que es una especie de "barullo hedonístico" general que reina en él: el culto festivo y enfebrecido al Baal del consumo, esnobismo estético, la maldad cool del puro antojo, lujo estabilizado, derroche crónico; el derroche es la primera obligación del palaciego, la banalidad y la libertad convergen, los fundamentos débiles, tales como el humor puro y el gusto personal, asumen el papel de los fundamentos fuertes, magníficos y necesarios de antes, la naturaleza y la cultura, juntas, se convierten en asuntos tutelados.
6 De modo que en el palacio, con las salvedades de antes, el reino de la necesidad deja paso al reino de la libertad, de un pensamiento en términos de opciones. Reina la subjetividad y desaparece lo universal como no siempre válido.
7.- Se actúa como si se hubiera desembocado en la paz eterna y toda la vida social se integrara en un receptáculo protector, en condiciones bajo las que ya no suceden acontecimientos históricos, sino, en todo caso, accidentes domésticos. Se generaliza normativamente el aburrimiento y su juego, en definitiva inofensivo.
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