Como sobreviven las mujeres expulsadas de la industria del salmón (Primera Parte)
Mujeres cesantes de la industria salmonera emprenden su negocio propio para sostener a sus familias y así hacer frente a la grave crisis laboral de esta industria.Por Scarlett Barra
Patricia Fernández comienza todos sus días muy temprano, preparando pan para la amasandería Con Amor. Se trata de su primer negocio propio, que fue seleccionado por el Programa Capital Semilla, Mujer Emprende Los Lagos y a punta de esfuerzo y perseverancia ha traído grandes satisfacciones para ella y su familia.
Esta nueva forma de trabajo, para Patricia es algo nuevo, ya que por siete años de su vida trabajó como operaría en la industria del salmón. Siete años en los cuales des espinó y moldeo, durante extensas jornadas laborales y nunca paró de trabajar, “en la salmonera hice de todo, estuve siete años con horarios muy pesados, sobre todos los primeros, a veces con mi marido pasábamos 14 horas fuera de la casa y para cuidar a las niñas tomábamos turnos diferentes, no nos veíamos nunca, los puros domingo”.
Operaría del salmón
Patricia y John, su marido, estuvieron 5 años trabajando a ese ritmo, ella siempre fue buena para trabajar y cada vez que podía se cambiaba de actividad dentro de la empresa “siempre quería ir aprendiendo otras actividades e ir viendo donde eran mejores los bonos”.
En los buenos años de la industria, antes de la crisis del virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón), los precarios sueldos de los operarios, se incrementaban en base a bonos de producción que para ser buenos requerían de un tremendo sobreesfuerzo físico y jornadas extraordinarias de labor, factor de alta incidencia en posteriores enfermedades laborales y desarrollo de impedimentos físicos, que la industria no reconocía y no se hacia cargo. Patricia siempre trabajó mucho para tener buenos bonos, “en el puesto en que yo trabajaba los bonos eran buenos, hasta que me enfermé, me dio tendinitis en el manguito rotatorio y hasta ahora para hacer el pan, incluso con las maquinas, me molesta porque me quedó crónico”.
Después de siete años trabajando en actividades que requieren de movimientos repetitivos, Patricia se enfermó, “la mayor parte de las personas se enfermaban trabajando y una vez que ya tenían la enfermedad crónica la empresa no se hacían responsables, ya no servían más entonces finiquito no mas (…) en ese tiempo yo entraba a trabajar una semana y caía 2 meses con licencia, con dolores insoportables, porque siempre eran trabajaos repetitivos donde tenia que esforzar el brazo”.
Ante esta situación, el sindicato quería exigir que la empresa se responsabilice, pero Patricia estaba cansada, “yo no quise porque ya estaba aburrida, así que cuando me ofrecieron finiquitarme no lo pensé dos veces. Al principio me ofrecían la plata del 60% de todos mis años de servicio y ahí yo dije no, aunque siga con licencia, a mí no me convenía porque llevaba 7 años, así que después parece que los cansé y me pagaron todo”.
Cesantía
Desde ese día Patricia quedó cesante, igual que Verónica Caileo, quien después de 6 años trabajando en la industria salmonera fue desvinculada, siendo esta actividad el único sustento económico para ella y sus tres hijos.
Verónica fue una de las últimas despedidas de la empresa Cultivos Marinos, luego de la aparición del virus ISA. Sin embrago, su situación fue distinta, “mi hijo estaba pasando un momento de salud critico y hablé y me despidieron, pero a mí me gustaba harto mi trabajo”. Ella hacía con gusto su trabajo, pero le pesaban los horarios que impedían que pasará tiempo con sus hijos, “lo que me afligía en la salmonera eran los horarios, porque uno pierde muchos años de su vida y no disfruta a sus hijos.”
Crisis y soluciones
Después de la aparición del virus ISA en los centros de cultivo del sur del país, no solo los salmoneros sufrieron sus consecuencias, los trabajadores y trabajadoras del sector fueron quienes debieron pagar los más altos costos de está, al quedar desamparados ante los masivos despidos y cierre de centros.
Según cifras proporcionadas por la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (CONATRASAL) al mes de agosto del presente año, eran 20 mil los operarios que habían perdido su puesto de trabajo, desde que se decretara la aparición del ISA durante el año 2007. Un ejemplo de esto es la empresa Cultivos Marinos, de la comuna de Ancud, donde Patricia y Verónica fueron operarias, luego de haber contado con más 1400 trabajadores y trabajadoras, actualmente sólo quedan 440 y se esperan más despidos.
Ante esta situación, durante el primer semestre de este año, y tras intensas gestiones de la CONATRASAL, el Gobierno de la presidente Michelle Bachelet decretó medidas de emergencia para superar los problemas generados por la crisis económica mundial y para responder de manera rápida y efectiva a la pérdida de fuentes de trabajo en el rubro salmonero. Entre estás, el denominado “Plan Salmón”, el cual estaba dirigido a tan solo 7 mil 500 desempleados y consistía en tres y cinco meses solamente. Medidas insuficientes, considerando la cifra de cesantes que sobrepasa las 20 mil personas.
Según Alejandro Oyarzún, director de comunicaciones de la CONATRASAL, dentro de estas medidas anunciadas no todas han sido ejecutadas, “se dijo en su momento que se iban a ejecutar varios proyectos de absorción de mano de obra con inversión FRIL (Fondo Regional de Inversión Local), pero no ha pasado nada con eso, la única comuna que lo ha hecho en Chiloé es Quellón. En Ancud se anunciaron seis de estos proyectos pero todos se cayeron, y todo porque se dice que no hay plata”. Esto refleja que el Programa de Empleo para los cesantes de la salmonicultura es limitado, destinando dinero insuficiente y baja cobertura de beneficiados.
Sin embargo, Patricia y Verónica decidieron aprovechar un programa que podría ayudarlas y postularon al beneficio enfocado para mujeres emprendedoras, a través del “Programa Capital Semilla, Mujer Emprende Los Lagos” del Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC), programa de cobertura regional que abarcó las Provincias de Osorno, Llanquihue, Palena y Chiloé, beneficiando a 500 mujeres con el apoyo de 1 millón de pesos y seguimiento en las actividades que las favorecidas deseen emprender. Este programa era de convocatoria abierta y el ser cesantes de la salmonicultura las beneficiaba solo con el 10% extra en la ponderación en sus proyectos, entre 500 mujeres y a nivel de toda la región, lo que hacía aun más difícil la posibilidad de que las mujeres expulsadas del salmón puedan encontrar una solución a su cesantía. Medida que una vez más refleja la insuficiencia de su cobertura.
Esta nueva forma de trabajo, para Patricia es algo nuevo, ya que por siete años de su vida trabajó como operaría en la industria del salmón. Siete años en los cuales des espinó y moldeo, durante extensas jornadas laborales y nunca paró de trabajar, “en la salmonera hice de todo, estuve siete años con horarios muy pesados, sobre todos los primeros, a veces con mi marido pasábamos 14 horas fuera de la casa y para cuidar a las niñas tomábamos turnos diferentes, no nos veíamos nunca, los puros domingo”.
Operaría del salmón
Patricia y John, su marido, estuvieron 5 años trabajando a ese ritmo, ella siempre fue buena para trabajar y cada vez que podía se cambiaba de actividad dentro de la empresa “siempre quería ir aprendiendo otras actividades e ir viendo donde eran mejores los bonos”.
En los buenos años de la industria, antes de la crisis del virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón), los precarios sueldos de los operarios, se incrementaban en base a bonos de producción que para ser buenos requerían de un tremendo sobreesfuerzo físico y jornadas extraordinarias de labor, factor de alta incidencia en posteriores enfermedades laborales y desarrollo de impedimentos físicos, que la industria no reconocía y no se hacia cargo. Patricia siempre trabajó mucho para tener buenos bonos, “en el puesto en que yo trabajaba los bonos eran buenos, hasta que me enfermé, me dio tendinitis en el manguito rotatorio y hasta ahora para hacer el pan, incluso con las maquinas, me molesta porque me quedó crónico”.
Después de siete años trabajando en actividades que requieren de movimientos repetitivos, Patricia se enfermó, “la mayor parte de las personas se enfermaban trabajando y una vez que ya tenían la enfermedad crónica la empresa no se hacían responsables, ya no servían más entonces finiquito no mas (…) en ese tiempo yo entraba a trabajar una semana y caía 2 meses con licencia, con dolores insoportables, porque siempre eran trabajaos repetitivos donde tenia que esforzar el brazo”.
Ante esta situación, el sindicato quería exigir que la empresa se responsabilice, pero Patricia estaba cansada, “yo no quise porque ya estaba aburrida, así que cuando me ofrecieron finiquitarme no lo pensé dos veces. Al principio me ofrecían la plata del 60% de todos mis años de servicio y ahí yo dije no, aunque siga con licencia, a mí no me convenía porque llevaba 7 años, así que después parece que los cansé y me pagaron todo”.
Cesantía
Desde ese día Patricia quedó cesante, igual que Verónica Caileo, quien después de 6 años trabajando en la industria salmonera fue desvinculada, siendo esta actividad el único sustento económico para ella y sus tres hijos.
Verónica fue una de las últimas despedidas de la empresa Cultivos Marinos, luego de la aparición del virus ISA. Sin embrago, su situación fue distinta, “mi hijo estaba pasando un momento de salud critico y hablé y me despidieron, pero a mí me gustaba harto mi trabajo”. Ella hacía con gusto su trabajo, pero le pesaban los horarios que impedían que pasará tiempo con sus hijos, “lo que me afligía en la salmonera eran los horarios, porque uno pierde muchos años de su vida y no disfruta a sus hijos.”
Crisis y soluciones
Después de la aparición del virus ISA en los centros de cultivo del sur del país, no solo los salmoneros sufrieron sus consecuencias, los trabajadores y trabajadoras del sector fueron quienes debieron pagar los más altos costos de está, al quedar desamparados ante los masivos despidos y cierre de centros.
Según cifras proporcionadas por la Confederación Nacional de Trabajadores del Salmón (CONATRASAL) al mes de agosto del presente año, eran 20 mil los operarios que habían perdido su puesto de trabajo, desde que se decretara la aparición del ISA durante el año 2007. Un ejemplo de esto es la empresa Cultivos Marinos, de la comuna de Ancud, donde Patricia y Verónica fueron operarias, luego de haber contado con más 1400 trabajadores y trabajadoras, actualmente sólo quedan 440 y se esperan más despidos.
Ante esta situación, durante el primer semestre de este año, y tras intensas gestiones de la CONATRASAL, el Gobierno de la presidente Michelle Bachelet decretó medidas de emergencia para superar los problemas generados por la crisis económica mundial y para responder de manera rápida y efectiva a la pérdida de fuentes de trabajo en el rubro salmonero. Entre estás, el denominado “Plan Salmón”, el cual estaba dirigido a tan solo 7 mil 500 desempleados y consistía en tres y cinco meses solamente. Medidas insuficientes, considerando la cifra de cesantes que sobrepasa las 20 mil personas.
Según Alejandro Oyarzún, director de comunicaciones de la CONATRASAL, dentro de estas medidas anunciadas no todas han sido ejecutadas, “se dijo en su momento que se iban a ejecutar varios proyectos de absorción de mano de obra con inversión FRIL (Fondo Regional de Inversión Local), pero no ha pasado nada con eso, la única comuna que lo ha hecho en Chiloé es Quellón. En Ancud se anunciaron seis de estos proyectos pero todos se cayeron, y todo porque se dice que no hay plata”. Esto refleja que el Programa de Empleo para los cesantes de la salmonicultura es limitado, destinando dinero insuficiente y baja cobertura de beneficiados.
Sin embargo, Patricia y Verónica decidieron aprovechar un programa que podría ayudarlas y postularon al beneficio enfocado para mujeres emprendedoras, a través del “Programa Capital Semilla, Mujer Emprende Los Lagos” del Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC), programa de cobertura regional que abarcó las Provincias de Osorno, Llanquihue, Palena y Chiloé, beneficiando a 500 mujeres con el apoyo de 1 millón de pesos y seguimiento en las actividades que las favorecidas deseen emprender. Este programa era de convocatoria abierta y el ser cesantes de la salmonicultura las beneficiaba solo con el 10% extra en la ponderación en sus proyectos, entre 500 mujeres y a nivel de toda la región, lo que hacía aun más difícil la posibilidad de que las mujeres expulsadas del salmón puedan encontrar una solución a su cesantía. Medida que una vez más refleja la insuficiencia de su cobertura.
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de los ciudadanos que los emiten (con nombre, sin pseudónimos). Cualquier opinión que contenga insultos, injurias y/o calumnias no pasará el filtro de moderación.


