¡Precaución!, Hormonas descontroladas: Reflexiones desde la cabeza de una mujer
ESCRITO POR Gabriela Quintana Dicen que las mujeres hemos ido evolucionado, que estamos más frías, que hemos desarrollado más nuestro lado masculino, que somos más calculadoras.
Es difícil estar en la cabeza de una mujer, sobre todo cuando somos una combinación inestable de hormonas que cambian constantemente nuestra manera de percibir el entorno.
Un día podemos andar felices y al día siguiente basta mirarnos para que nos caigan las lágrimas sin motivo o nos enojemos. Yo trato de entenderlo como una especie de demencia periódica con la que tengo que vivir: "Hormonas descontroladas. ¡Precaución! No se acerque demasiado".
Y por supuesto sucede que sólo nosotras las mujeres podemos entender qué se siente, de qué se trata esto de que una anda con las emociones sobre la piel. Por ejemplo mi pareja -como de seguro le sucede a ustedes con parejas, maridos, pololos, hermanos, padres, amigos, compañeros de trabajo etc.- me reclama porque dice que no me entiende, que le pongo grandes cantidades de emociones a lo que hago o digo, que me comprometo con todo lo que hago con el corazón, que no me limito y que luego sufro gratuitamente por muchas cosas que él considera innecesarias.
Una vez leí un libro de autoayuda que se llamaba, "Las 10 decisiones que una mujer debe tomar antes de los 40 años", más allá de lo cuestionables que considero que son este tipo de libros, me dí cuenta leyéndolo, que nunca había analizado fríamente que mis emociones manejaban más de mi ser de lo que yo pensaba, cosa que no es tan malo cuando hablamos de inspiración para la creación artística, pero a veces la carga es demasiado pesada con otro tipo de problemas familiares, laborales, económicos, donde nos cuesta tomar decisiones frías.
Transitamos en nuestras vidas por variadas situaciones frente a las que deberíamos utilizar más nuestro pensamiento lógico y desconectarnos de las emociones por un ratito. Y pucha que cuesta, cuando una decisión como el cambiarse de ciudad, afecta a alguien de nuestra familia y lo hace sufrir. Y pucha que cuesta tomar las riendas de la vida de nuestros padres viejitos y decidir lo que es mejor para ellos -como debió hacerlo mi madre con mi abuelita hace un tiempo- cómo desconectarse de las culpas que a veces no nos dejan razonar correctamente y definir lo que les hará mejor a ellos.
Pero qué le vamos a hacer, las mujeres vivimos, querámoslo o no, con demasiadas emociones en nuestro interior y que pocas veces podemos disimular para los demás. Sí, soy una llorona, de seguro como la mayoría de ustedes colegas mujeres, las situaciones bellas me hacen llorar, las injusticias me hacen llorar, la rabia, la pena, podría describirme como una persona muy sensible, de ojos más húmedos que lo normal.
Con el correr de las últimas generaciones dicen que las mujeres hemos ido evolucionado, que estamos más frías, que hemos desarrollado más nuestro lado masculino, que somos más calculadoras, más frías, más planificadoras, que nos comprometernos menos, que nos enamoramos poco. No obstante todo ello, jamás hemos perdido nuestra esencia, aquello especial que se ubica en todas partes de nuestro interior, esa combinación de físico, emocional y espiritual que nos hace entregarnos por completo cuando nos enamoramos, esa intuición o sexto sentido o instinto maternal que nos hace adelantarnos y prevenir situaciones de riegos de quienes amamos o saber que algo ha sucedido antes de que nos digan ¿brujas?
Tampoco hemos perdido la capacidad de dar mucho más allá de nuestras posibilidades, de resignarnos y postergarnos para que no le falte nada a nuestros hijos... de soportar soledades, carencias e igual salir adelante frente a cualquier crisis sea cual sea la gravedad de ésta.
Mujeres, dejen aflorar todas sus emociones, no disimulen su sensibilidad, no tomen en cuenta cuando alguien les diga histéricas -sobre todo un hombre-. Vivan, amen lloren, rían enojense, hagamos de esta vida una gran bandada de aves cantoras con muchos sonidos diferentes y en todas aquellas voces se distinga en cariño y la pasión que le ponemos diariamente a todo lo que hacemos.
Amigas esto no es un consejo, es una invitación.
Un día podemos andar felices y al día siguiente basta mirarnos para que nos caigan las lágrimas sin motivo o nos enojemos. Yo trato de entenderlo como una especie de demencia periódica con la que tengo que vivir: "Hormonas descontroladas. ¡Precaución! No se acerque demasiado".
Y por supuesto sucede que sólo nosotras las mujeres podemos entender qué se siente, de qué se trata esto de que una anda con las emociones sobre la piel. Por ejemplo mi pareja -como de seguro le sucede a ustedes con parejas, maridos, pololos, hermanos, padres, amigos, compañeros de trabajo etc.- me reclama porque dice que no me entiende, que le pongo grandes cantidades de emociones a lo que hago o digo, que me comprometo con todo lo que hago con el corazón, que no me limito y que luego sufro gratuitamente por muchas cosas que él considera innecesarias.
Una vez leí un libro de autoayuda que se llamaba, "Las 10 decisiones que una mujer debe tomar antes de los 40 años", más allá de lo cuestionables que considero que son este tipo de libros, me dí cuenta leyéndolo, que nunca había analizado fríamente que mis emociones manejaban más de mi ser de lo que yo pensaba, cosa que no es tan malo cuando hablamos de inspiración para la creación artística, pero a veces la carga es demasiado pesada con otro tipo de problemas familiares, laborales, económicos, donde nos cuesta tomar decisiones frías.
Transitamos en nuestras vidas por variadas situaciones frente a las que deberíamos utilizar más nuestro pensamiento lógico y desconectarnos de las emociones por un ratito. Y pucha que cuesta, cuando una decisión como el cambiarse de ciudad, afecta a alguien de nuestra familia y lo hace sufrir. Y pucha que cuesta tomar las riendas de la vida de nuestros padres viejitos y decidir lo que es mejor para ellos -como debió hacerlo mi madre con mi abuelita hace un tiempo- cómo desconectarse de las culpas que a veces no nos dejan razonar correctamente y definir lo que les hará mejor a ellos.
Pero qué le vamos a hacer, las mujeres vivimos, querámoslo o no, con demasiadas emociones en nuestro interior y que pocas veces podemos disimular para los demás. Sí, soy una llorona, de seguro como la mayoría de ustedes colegas mujeres, las situaciones bellas me hacen llorar, las injusticias me hacen llorar, la rabia, la pena, podría describirme como una persona muy sensible, de ojos más húmedos que lo normal.
Con el correr de las últimas generaciones dicen que las mujeres hemos ido evolucionado, que estamos más frías, que hemos desarrollado más nuestro lado masculino, que somos más calculadoras, más frías, más planificadoras, que nos comprometernos menos, que nos enamoramos poco. No obstante todo ello, jamás hemos perdido nuestra esencia, aquello especial que se ubica en todas partes de nuestro interior, esa combinación de físico, emocional y espiritual que nos hace entregarnos por completo cuando nos enamoramos, esa intuición o sexto sentido o instinto maternal que nos hace adelantarnos y prevenir situaciones de riegos de quienes amamos o saber que algo ha sucedido antes de que nos digan ¿brujas?
Tampoco hemos perdido la capacidad de dar mucho más allá de nuestras posibilidades, de resignarnos y postergarnos para que no le falte nada a nuestros hijos... de soportar soledades, carencias e igual salir adelante frente a cualquier crisis sea cual sea la gravedad de ésta.
Mujeres, dejen aflorar todas sus emociones, no disimulen su sensibilidad, no tomen en cuenta cuando alguien les diga histéricas -sobre todo un hombre-. Vivan, amen lloren, rían enojense, hagamos de esta vida una gran bandada de aves cantoras con muchos sonidos diferentes y en todas aquellas voces se distinga en cariño y la pasión que le ponemos diariamente a todo lo que hacemos.
Amigas esto no es un consejo, es una invitación.
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Yo como hombre felicito a
Yo como hombre felicito a Gaby. El artículo lo encontré muy didáctico y esclarecedor de muchas actitudes que toman las mujeres y que nosotros, por ignorancia, no sabemos que hacer ni como actuar.
Algo sabemos en cuanto a los "antojos", por lo que les hemos escuchado a nuestras madres o hermanas y amigas, pero todo este cúmulo de situaciones que nos aclaró Gaby las encuentro muy acertadas, y nos va servir a los hombres para actuar mejor con las Mujeres.
Debo aclarar que cuando digo Mujeres me refiero a las que llevan sus hormonas bien puestas y que actúan como tales, y no a esas que actúan como hombres y que solo quieren "competir" con nosotros y no "compartir" . Estas últimas "Mujeres" están destinadas a vivir eternamente "solas" pues a nosotros los hombres solo nos interesan para satisfacer la parte sexual, y "chao..."
¡EXELENTE ¡ el Artículo
Gaby, diste en el clavo en
Gaby, diste en el clavo en muchas cosas, me sentí muy identificada, pero rescato que lo mejor de esto es que somos intensas, que amamos a concho y cuando hay que sufrir, pues bueno, sufrimos a concho también.
Así nos paramos más rápido y decimos basta!!!
Un aabrazo, y feliz día.